El poco de agua - Yves Bonnefoy


A este copo
Que se posa en mi mano, quiero
Asegurar lo eterno
Haciendo de mi vida, de mi calor,


De mi pasado, de estos días presentes,
Un instante simplemente: este instante, sin límites.

Pero ya no es sino

Un poco de agua, que se pierde
En la bruma de los cuerpos que se adentran en la nieve.

Yves Bonnefoy

No te detengas - Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, 
sin haber aumentado tus sueños. 
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías 
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

Walt Whitman

Una carta de amor - Julio Cortazar


Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
Julio Cortazar

Lo nuestro - Mario Benedetti

Avanzamos metidos en lo nuestro
tu secreto que es mío
mi secreto que es tuyo

sin problemas las pasiones se unen
con fuerza interior

todo lo compartimos en el sueño
oscuro con oscuro
cuerpo a cuerpo

a veces son ternuras del espíritu
abrazos con candado

si enfrentamos de apuro al espejo
la sorpresa lo empaña

sus ojos son los nuestros / quién lo duda
mejor dicho una copia clandestina
por eso es tan ajena la mirada

no queremos abandonar lo propio
así que no nos vengan con destellos extraños

avancemos metidos en lo nuestro
tu secreto que es mío
mi secreto que es tuyo
 
Mario Benedetti

Estoy perdido - Manuel Altolaguirre

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Profeta de mis fines no dudaba
del mundo que pintó mi fantasía
en los grandes desiertos invisibles.

Reconcentrado y penetrante, solo,
mudo, predestinado, esclarecido,
mi aislamiento profundo, mi hondo centro,
mi sueño errante y soledad hundida,
se dilataban por lo inexistente,
hasta que vacilé cuando la duda
oscureció por dentro mi ceguera.

Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
entre las dos tinieblas, definía
una ignorada juventud ardiente.
Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

Manuel Altolaguirre

Oda a la vida - Pablo Neruda


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La noche entera
con un hacha
me ha golpeado el dolor,
pero el sueño
pasó lavando como un agua oscura
piedras ensangrentadas.
Hoy de nuevo estoy vivo.
De nuevo
te levanto,
vida,
sobre mis hombros.

Oh vida, copa clara,
de pronto
te llenas
de agua sucia,
de vino muerto,
de agonía, de pérdidas,
de sobrecogedoras telarañas,
y muchos creen
que ese color de infierno
guardarás para siempre.

No es cierto.

Pasa una noche lenta,
pasa un solo minuto
y todo cambia.
Se llena
de transparencia
la copa de la vida.
El trabajo espacioso
nos espera.
De un solo golpe nacen las palomas.
Se establece la luz sobre la tierra.

Vida, los pobres
poetas
te creyeron amarga,
no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

Vida,
eres
una máquina plena,
felicidad, sonido
de tormenta, ternura
de aceite delicado.

Vida,
eres como una viña:
atesoras la luz y la repartes
transformada en racimo.
el que de ti reniega
que espere
un minuto, una noche,
un año corto o largo,
que salga
de su soledad mentirosa,
que indague y luche, junte
sus manos a otras manos,
que no adopte ni halague
a la desdicha,
que la rechace dándole
forma de muro,
como a la piedra los picapedreros,
que corte la desdicha
y se haga con ella
pantalones.
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.
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 Pablo Neruda

Hermandad - Octavio Paz


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Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.
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Octavio Paz

Ocaso - Heather Moon Guia


El día que al abrir los ojos y despertar
un sentimiento de nostalgia invada todo tu ser
ese día, justo ese día, ocúpate en observar
cuan efímero es el tiempo.
Sube a tu azotea, y en la parte más alta de ella
... contempla la salida del sol,
siente la tibieza en tu cuerpo de los primeros rayos
al llegar al roce con tu piel...
y cuando sientas que el calor sofoca ya,
busca un lugar a la sombra de tu balcón
y a la par de la trayectoria del sol
has un recuento de todo lo vivido a mi lado...
ríe....... llora.......
alégrate y da de tumbos mientras dejas asomar
esa sonrisa tuya que había siempre al mirarme llegar...
luego deja que tus cejas declinen y dirige tu mirada hacia el suelo,
mientras una lagrima se desliza por tu rostro
hasta caer y llegar al suelo en que posas tu mirada.......

Heather Moon Guia

Desandar el desánimo - Gabriel Impaglione



Desanimar el desánimo
deshilacharlo
que se desdibuje
grotescamente
y se destierre
y se deseternice
y su deshielo nos descubra
llenos de desimposibles.

Gabriel Impaglione

Es larga la tarde - Gioconda Belli



Es larga la tarde
como el camino curvo hasta tu casa
por donde regreso arrastrando los pies
hasta mi cama sola
a dormir con tu olor engarzado en mi piel,
a dormir con tu sombra.

Es larga la tarde
y el amor redondo como el gatillo de una pistola
me rodea de frente, de lado, de perfil.
El sueño pesa sobre mis hombros
y me acerca de nuevo a vos,
al hueco de tu brazo,
a tu respiración,
a una continuación infinita de la batalla
de sábanas y almohadas que empezamos
y que pone risa
y energía
a nuestro cansancio.



Gioconda Belli

Algo de ti - Miguel E. García Salguero

Algo de ti está en el aire
en el hielo del invierno,
algo de ti atraviesa los muros del olvido,
algo de ti siempre queda como borra de café
adherido a la pena .
Algo de ti no termina de irse
renace en cada primavera
corrompe el equilibrio de las horas
decapita la ilusión y la inocencia
algo de ti regresa ,siempre regresa.
A pesar de los empeños que te alejan,
algo de ti está en su lugar
agazapado de memoria
burlado de muerte.
Algo de mí no tiene excusas,
no tiene vueltas,
carece de barreras .
Algo de mí te sigue y te piensa
en la soledad , en la carencia,
algo de mí no tiene permiso
no tiene destino
no tiene remedio.

Miguel E. García Salguero   

A veces sólo un gesto es suficiente para salvar el día - Angel Campos


A veces sólo un gesto es suficiente
para salvar el día.

Y escribir tal vez es ese gesto
que prolonga el latido de los pulsos
hasta la sed secreta de los párpados.

Escribir tal vez sea extraviarse en el canto
más oscuro, en la memoria extrema
de la noche adentro, donde el hombre
ignora su derrota, las formas del cansancio,
el cuerpo del amor que ya no reconoce.

Escribir tal vez sea comparecer ante los otros
con los ojos más limpios, indefenso,
y vacías las manos, sin dispersar la voz,
respirar con sosiego bajo el agua.

No hay otro modo de mirar las cosas
sin perderlas del todo.


Angel Campos


In memoriam - Federico García Lorca

 
Dulce chopo,
Dulce chopo,
Te has puesto
De oro.
 
Ayer estabas verde,
Un verde loco
De pájaros
Gloriosos.
 
Hoy estás abatido
Bajo el cielo de agosto
Como yo frente al cielo
De mi espíritu rojo.
 
La fragancia cautiva
De tu tronco
Vendrá a mi corazón
Piadoso.
 
¡Rudo abuelo del prado!
Nosotros,
Nos hemos puesto
De oro.
 
 

Federico García Lorca

Las Islas - Luis Cernuda

 
 
Recuerdo que tocamos puerto tras larga travesía,
y dejando el navío y el muelle, por callejas
(entre el polvo mezclados pétalos y escamas),
llegué a la plaza, donde estaban los bazares.
Era grande el calor, la sombra poca.

Con el pecho desnudo iba, distraído
como si familiares fuesen la villa y sus costumbres,
y miré en un portal al mercader de sedas
que desplegaba una, color de aurora, fría a los ojos,
sintiendo sin tocarla la suavidad escurridiza.
Ante un ciego cantor estuve largo espacio,
único espectador, y parecía cantar para mí solo.
Compré luego a una niña un ramo de jazmines
amarillentos, pero en su olor ajado tuvo alivio
la dejadez extraña que empezaba a aquejarme.

Desanudada la faja en la cintura,
unos muchachos que pasaban, reían,
volviendo la cabeza. Acaso me creyeron
Ebrio. Los ojos de uno de ellos eran
como la noche, profundos y estrellados.

La humedad de la piel pronto se disipaba
por el aire ardoroso, a cuyo influjo
mi pereza crecía. Me detuve indeciso,
acariciando el cuerpo, sintiendo su tibieza
lisa, como si acariciara un cuerpo ajeno.

Seguí, por parajes nunca vistos,
mas presentidos, igual a quien camina
hacia cita amistosa. Deponía la tarde
su fuerza, cuando al fin quise
buscar reposo ante un umbral cerrado.

Era un barrio tranquilo. Mis párpados pesaban
(acaso dormí mucho), y al abrirlos de nuevo
ya el sol estaba bajo en el muro de enfrente.
Una presencia ajena pareció despertarme,
porque al volver la cara vi una mujer, y sonreía.

Como si de mi anhelo fuese proyección, respuesta
ante demanda informulada, me miraba, insegura;
aunque yo nada dije, con gesto silencioso,
invitándome adentro, me tomó de la mano.
La seguí, con recelo más débil que el deseo.

La sala estaba oscura (ya caía la tarde).
Sobre la estera había almohadas, un cestillo
anidando manojos de magnolias mojadas,
de excesiva fragancia. filtró la celosía
unas palabras de la calle: «Le encontraron muerto».

Las pensé referidas a un camarada,
quizá presagio de mi sino. Pero ella,
atrayéndome a sí, sobre la alfombra
el ropaje tiró, como cuchillo sin la vaina,
fría, dura, flexible, escurridiza.

Mis manos en sus pechos, su cintura
quebrarse pareció al extenderme sobre ella,
y en el silencio circundante, al ritmo
de los cuerpos, oí su brazalete,
queja del ave fabulosa que escapaba.

La oscuridad llenó la sala toda
cuando saciado y satisfecho quise irme.
En la puerta (ella como mi sombra me seguía),
al cruzar su dintel, sentí que entre mis dedos
quedaba el brazalete, ahora inerte y mudo.

Mucho tiempo ha pasado. No aceptara
revivir otra vez esta existencia.
Mas no sé qué daría por sólo aquel instante
revivirlo. Bien sé que apenas tengo con qué tiente
al destino, ni el destino tentarse dejaría.

Cuando el recuerdo así vuelve sobre sus huellas
(¿no es el recuerdo la impotencia del deseo?).
Es que a él, como a mí, la vejez vence;
y acaso ya no tengo lo único que tuve:
Deseo, a quien rendida la ocasión le sigue.

Luis Cernuda

Definición del amor - Francisco de Quevedo



Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo
Francisco de Quevedo

Como pez en el agua - Ángel Campos


Para pintar
el agua es necesario
el movimiento
de un pez que se repite
incierto, indescifrable.

En soledad,
el orden de lo escrito
perdura siempre.
Si se pinta en el agua,
los colores se esfuman.

Como dispone
la luz, el pez en vuelo
hasta lo hondo
baja. Y allí descubre
lo fecundo del río.

El mar insiste
en su fragor de espumas.
Papel pintado,
la ola, el frente blanco
del agua en su vaivén.

Signos azules
de las formas del fondo
son tu refugio.
En el lienzo te sientes
como pez en el agua.

Ángel Campos

Nadie está solo - José Agustín Goytisolo



En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.
  José Agustín Goytisolo

Quien tuvo el poder - Osvaldo Ulloa



Quien tuvo el poder
de convertirte a ti en tu propio enemigo?
Fue acaso un hechicero
que dominaba la furia del fuego
la dirección de las estrellas
y las mareas de los océanos?
O fue un dios inmortal todopoderoso
al que tú obedecías
como la arcilla en las manos del alfarero?
Quién fue tan poderoso
que logró hacer que tú no te quisieras
como no se quiere el agua
cuando se escurre en distintas direcciones
y ya dispersa no puede avanzar en dirección al mar?
Tienes que tomar conciencia de que fue alguien igual a ti
el que logró que tu no te quisieras
y si quieres vivir la vida vivo
tienes que amigarte contigo mismo
abrázate con fuerza en este instante
como si ese abrazo fuese cosa de vida o muerte.
La verdad es que de él depende todo tu futuro
la vida será más intensa y profunda
mientras más apretado sea ese abrazo.
Escúchate a ti mismo de modo tal
que logres olvidar la voz de aquel
que un día hizo
que te convirtieras en tu propio enemigo.

© Osvaldo Ulloa

Secreto - Luis García Montero



Nos pusimos de acuerdo.

Yo esperaba sin prisa por la esquina,
me hacía el despistado,
hablaba con el niño y los borrachos,
encendía un cigarro o compraba el periódico.

Aparenté no verte
llegar casi sin prisa,
arreglarte un momento en el descapotable,
abrir la puerta,
subir hasta el segundo.

Yo despisté al portero de las barbas rojizas,
y allí,
sin los silencios
del joven que se enfrenta,
sin tu arbolado anillo de goleta
que surca el matrimonio,
a pesar de tus pieles y mi piel,
nos pusimos de acuerdo.


Luis García Montero

Cansada de rodar - Carmen Martín Gaite


Cansada de rodar,
de soñar apariencias,
de debatirse en vano
ensayando posturas de defensa o de ataque,
de convertirse en otra,
esa mujer perdida por Manhattan
se ha escondido en un cuadro de Edward Hopper,
se ha sentado en la cama de una pensión anónima
y ya no espera nada.

Sin abrir tan siquiera la maleta,
acaba de quitarse los zapatos
porque los pies le duelen,
se ha quedado sola entre cuatro paredes,
condenada a aguantar a palo seco
esa luz de la tarde ya en declive
que se filtra en la estancia
veteada de brillos engañosos,
con los brazos caídos y la mirada estática,
clavada eternamente de cara a una ventana
que de tan bien pintada parece de verdad.


Carmen Martín Gaite 
(1925-2000)

Un Crepúsculo - Concha González-Nieto



Ignoramos como llamarte.
En esta oscuridad que recordaba los silencios
en esa luz que paseaba el último resplandor
por los acantilados,
cerca del mar donde fluía la palabra.

Había en ese espacio tanto fuego
que no bastó la brisa de las hojas
para apagar los verbos que por azar
rondaban entre las olas y el viento
perdidos en las viejas rutas de los barcos.

Y fueron las rocas, la tierra,
la línea de tus labios
quién tras descubrir el arco morado
de la tarde
le dio nombre profundo al aire
y lo llamó
crepúsculo.
Concha González-Nieto

Casa de muñecas - Amparo Amorós



Homenaje a Hennik Ibsen

Pero tú, Nora, sal, abre esa puerta
aunque te tiemble el pulso, ábrete paso,
crece, madura, ser mujer acaso,
sea afirmarse en una herida abierta.

Deja, atrás esa trampa que encubierta 
te encarcela en su horizonte escaso
sometiendo tus sueños al fracaso
de una prisión dorada, pero cierta.

No vuelvas la cabeza si no quieres 
que en sal, se esculpa, yerma, tu estatura.

Esa fuerza naciente que ahora eres
no ha de rendir el árbol de su altura.
 
Tienes la tierra ante tus pies: ¡avanza! 
He puesto en tu coraje, mi esperanza.



Amparo Amorós

La danza inmovil - Alejandra Pizarnik

Mensajeros en la noche anunciaron lo que no oímos.
Se buscó debajo del aullido de la luz.
Se quiso detener el avance de las manos enguantadas
que estrangulaban a la inocencia.

Y si se escondieron en la casa de mi sangre,
¿cómo no me arrastro hasta el amado
que muere detrás de mi ternura?
¿Por qué no huyo
y me persigo con cuchillos
y me deliro?

De muerte se ha tejido cada instante.
Yo devoro la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar el color del cielo.

Pero ellos y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta.


Alejandra Pizarnik

Bajo Una Pequeña Estrella - Wislawa Szymborska


Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
 
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
 
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
 
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
 
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
 
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
 
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
 
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
 
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce
después para que parezcan ligeras.
 Wislawa Szymborska

Amor lejano - José M. García Velázquez



Te amo aun cuando no llego a tu encuentro,
escucho tu risa silenciada por la lejanía,
tu aroma ocultado por la indiferencia,
tu cuerpo abrigado por nubes de ilusiones.

Te amo mucho mas de lo que he amado,
no has estado presente en mis penumbras,
te busco en las tinieblas de mi existencia,
para que inspires mi ansias de amor.

Te amo porque siempre te he amado,
no he visto tu contorno trazado en mi camino,
he caminado por senderos equivocados,
mientras esperas reclinada en mis anhelos.
 
José M. García Velázquez
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