Hace mucho que hemos olvidado el escuchar - Nelly Sachs

Image and video hosting by TinyPic
" Si El -en otro tiempo- nos hubiera plantado,
plantado como hierba de dunas, en el mar eterno,
creceríamos en pasturas tupidas,
como la lechuga crece en el huerto.
Aunque tengamos asuntos
que nos lleven más allá
de Su luz,
aunque bebamos el agua de cañerías
que se acerque muriendo
a nuestra boca, eternamente sedienta,
aunque caminemos por una calle
bajo la cual la tierra ha sido llevada al silencio
por un empedrado...
no debemos vender nuestro oído,
oh, nuestro oído no debemos vender.
También en el mercado,
en el cálculo del polvo,
más de uno da -rápidamente- un salto
sobre la cuerda de la nostalgia;
porque él escuchó algo,
dió el salto fuera del polvo
y sació su oído.
Apretad; oh, apretad -en el día de la destrucción-
a la tierra el oído que escucha,
y escucharéis, a través del sueño
escucharéis
cómo en la muerte
empieza la vida. "
Image and video hosting by TinyPic
Nelly Sachs

Ayer Te Besé En Los Labios - Pedro Salinas

Image and video hosting by TinyPic
Imágen de Leonida Fremov
Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no...
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.






 
Pedro Salinas

Sin esperanza…

Image and video hosting by TinyPic
Aquella niña de grandes ojos oscuros, siempre expectante y esperando el abrazo de alguien querido. Nunca obtuvo respuesta, seré yo, se preguntaba y a partir de aquel día se esforzó todos los días de su vida por mejorar, para merecer ese abrazo, que nunca nadie le dio. Aún sigue esperando pero sin esperanza…
Image and video hosting by TinyPic

Desde los afectos - Mario Bemedetti

Image and video hosting by TinyPic



¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo.

Que nadie establece normas salvo la vida.

Que la vida sin ciertas normas pierde forma.

Que la forma no se pierde con abrirnos.

Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.

Que no está prohibido amar.

Que también se puede odiar.

Que el odio y el amor son afectos.

Que la agresión porque sí, hiere mucho.

Que las heridas se cierran.

Que las puertas no deben cerrarse.

Que la mayor puerta es el afecto.

Que los afectos nos definen.

Que definirse no es remar contra la corriente.

Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.

Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.

Que negar palabras implica abrir distancias.

Que encontrarse es muy hermoso.

Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.

Que la vida parte del sexo.

Que el "por qué" de los niños tiene un por qué.

Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad.

Que para saber todo de todos es curiosidad malsana.

Que nunca está de más agradecer.

Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.

Que nadie quiere estar solo.

Que para no estar solo hay que dar.

Que para dar debimos recibir antes.

Que para que nos den también hay que saber como pedir.

Que saber pedir no es regalarse.

Que regalarse es en definitiva no quererse.

Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos.

Que para que alguien sea hay que ayudarlo.

Que ayudar es poder alentar y apoyar.

Que adular no es ayudar.

Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.

Que las cosas cara a cara son honestas.

Que nadie es honesto porque no roba.

Que el que roba no es ladrón por placer.

Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo.

Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte.

Que se puede estar muerto en vida.

Que se siente con el cuerpo y la mente.

Que con los oídos se escucha.

Que cuesta ser sensible y no herirse.

Que herirse no es desangrarse.

Que para no ser heridos levantamos muros.

Que quien siembra muros no recoge nada.

Que casi todos somos albañiles de muros.

Que sería mejor construir puentes.

Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.

Que volver no implica retroceder.

Que retroceder también puede ser avanzar.

Que no por mucho avanzar se amanece cerca del sol.

Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida?


Mario Benedetti

La Esperanza en el Corazón

Image and video hosting by TinyPic
Todo saldrá bien. Ya lo verás. Vas camino hacia mejor y hasta llegar ahí solo es cuestión de tiempo... Recuerda otros momentos de tu vida, momentos en los que te preguntaste si acaso podrías superar la adversidad. Al final... siempre pudiste. Trata de pensar en eso ahora, mientras miras en tu interior. Date tiempo necesario para vivir en carne propia todo lo que estás sintiendo... Tiempo para manejar y disfrutar las emociones... y tiempo para... Escabullirte hasta ese lugar que está en lo más profundo de ti, donde te sientes más afianzado, seguro y a salvo. Ese lugar es fuerte y auténtico, y tengo la sensación de que vive en ti con más belleza de la que supones. La ayuda está aquí, por si la necesitas. Pero lo que más te ayudará es recordar esto: Si eres capaz de darles un oportunidad a todas las cosas, todo saldrá bien. Te lo prometo. "Si tu corazón está en el lugar correcto, ¿qué más queda?"
Image and video hosting by TinyPic
Desconozco autor

Un Camino En El Bosque - Carlos Montuenga

Image and video hosting by TinyPic
Hace unas semanas, con motivo de una excursión por la sierra de Guadarrama, recordé un día pasado hace ya muchos años en esos mismos parajes. Había ido a finales de mayo al palacio de la Granja de San Ildefonso, que se levanta en la vertiente norte de la sierra, a poca distancia de Segovia. Los jardines que rodean el palacio mostraban en todo su esplendor la plenitud de la primavera. Tilos, olmos, castaños y secuoyas enmarcaban amplias avenidas rodeadas de macizos geométricos de flores bellísimas, formando un espacio delicioso por su orden y variedad, en el que las escenas mitológicas de numerosas fuentes ponían una nota melancólica y un poco teatral, muy al gusto francés e italiano de la época. Todo en aquel ambiente invitaba a dejarse invadir por una íntima sensación de sosiego, y me hacía evocar el espíritu de esencial confianza en el progreso que caracterizó a la ciencia y al pensamiento europeos allá por 1721, cuando Felipe V ordenó la construcción, en un rincón alejado de la corte, de este palacio pensado para el recreo y descanso de la familia real entre las montañas que cierran por el norte la planicie de Madrid. En medio de aquellas umbrosas avenidas rebosantes de belleza, me sentía trasladado a un mundo ideal recreado por el hombre, en el que las fuerzas ciegas de la naturaleza se habrían al fin doblegado a la presión irresistible del genio humano. En el siglo XVII, antes de que se instaurará, con Felipe V, la dinastía borbónica en España, el nuevo concepto de razón lógico-matemática había culminado en el nacimiento de un modo particular de describir el mundo, de acuerdo, sobre todo, con las ideas que Newton expuso en su magna obra, Philosophiae naturalis principia mathematica, publicada en 1687 y considerada como uno de las referencias fundamentales en las que basa sus métodos la ciencia moderna. Según las ideas del ilustre físico y matemático, la totalidad de los fenómenos del cosmos podría abarcarse con la ayuda de unos pocos principios generales, que harían posible desarrollar por vía deductiva la explicación de cualquier suceso que acontezca en el mundo físico. A partir del siglo siguiente, esa nueva razón capaz de imponerse al aparente caos en el que estamos inmersos, será puesta al servicio de la liberación del hombre, cuya mayoría de edad proclama con entusiasmo el movimiento ilustrado: partiendo del dominio y transformación de la naturaleza, el ser humano se sacudirá al fin el yugo de la ignorancia y la superstición, para caminar en adelante por la senda luminosa del progreso ilimitado. Ensimismado en estos pensamientos, llegué a una de las verjas que comunican los jardines con el bosque circundante de Valsaín y proseguí mi paseo durante un buen rato, sin reparar apenas en que me estaba adentrando en un espacio muy distinto del que dejaba atrás entre las avenidas y fuentes del palacio. Al fin, fui consciente de que las sensaciones de complacencia que me dominaban poco antes, iban transformándose en una actitud alerta y expectante, en respuesta tal vez a los cambios que se hacían visibles en el entorno. Pues el sereno discurrir del agua en las fuentes se había convertido en el empuje impetuoso de los arroyos que descienden desde ventisqueros lejanos en esa época del año, y la simetría admirable de los muros de verdor del palacio, dejaba paso a una espesura informe de pinos y abedules, entre los que, de tanto en tanto , destacaba algún roble centenario cargado de ramas oscurecidas por el musgo, que se retorcían en todas direcciones, a modo de tentáculos empeñados en alcanzar las copas de los pinos más altos o las matas de enebro que tapizaban el suelo del bosque en derredor suyo. Proseguí mi marcha hasta llegar a un claro en el que infinidad de flores luminosas como diminutas estrellas, salpicaba con su colorido el verdor intenso de la hierba, y allá en lo alto, sobresaliendo entre la masa arbórea , apareció ante mí la cumbre de Peñalara coronada por las últimas nieves de primavera, atalaya gigantesca que se eleva hasta las nubes, apoyándose en oscuras moles graníticas, testigos mudos de la glaciación que, en un remoto pasado, sumergió valles y montes bajo las olas petrificadas de un mar de hielo. Me recosté sobre un tronco seco para contemplar el panorama, mientras me envolvía un silencio solemne, turbado sólo por el murmullo de la brisa entre el ramaje y el graznido lejano de algún ave rapaz. Se sentía allí con fuerza la presencia de algo salvaje, como si en aquellos bosques perviviera el espíritu de una época lejana y audaz, extraña por completo a nuestra cautelosa mentalidad ilustrada. Por momentos, imaginaba oír el crepitar de grandes hogueras encendidas en honor al sol, que elevaban sus lenguas ardientes hacia las estrellas, llenando de sombras danzantes el prado cuando el solsticio acudía a su cita anual. Luego, era el chasquido de las ramas bajo el paso apresurado de cazadores armados de arcos, que perseguían con tesón infatigable a los venados que intentaban huir hacia la espesura, enloquecidos por el pánico, en medio del ladrido de los lebreles. Un instante después, el lugar parecía vibrar con el choque de espadas y el tremolar de estandartes entre un grupo compacto de jinetes revestidos de hierro que embestía con furia a una multitud vociferante de hombres de armas, afanados en cerrarles el paso por alguna angostura labrada en altas peñas que se elevaban sobre los pinos... De improviso, un trueno retumbó sobre la montaña y el aire se agitó como si anunciara la proximidad de alguna amenaza desconocida. Pero al levantar la vista, bien pronto se aclaró que no había motivos para el recelo: el vuelo majestuoso de un avión hendía el azul de la tarde con estelas blancas de gases condensados, mientras el sol arrancaba destellos de fuego de aquel fuselaje esbelto. En seguida, la visión fugaz desapareció tras el perfil quebrado de las cumbres, volviendo a dejar en silencio los neveros y roquedales. Las sombras se iban alargando y me incorporé para emprender el regreso en dirección al palacio. El prado, tan solitario poco antes, se llenó con las risas de unos niños que corrían, ante la mirada divertida de sus padres, tras algún animalillo que trataba de ocultarse entre los rosales silvestres. Al volver a entrar en el bosque, insectos multicolores zumbaban alrededor del tronco nudoso de un viejo olmo cubierto de madreselva, y el brincar inquieto de jilgueros y herrerillos entre las ramas más altas de los árboles, inundaba la espesura de resonancias y temblores, como si la naturaleza se estremeciera bajo el abrazo tibio de la primavera.
Image and video hosting by TinyPic
Carlos Montuenga

Poema Canción De Otoño - Paul Verlaine

Image and video hosting by TinyPic

    Los sollozos más hondos
    del violín del otoño
    son igual
    que una herida en el alma
    de congojas extrañas
    sin final.

    Tembloroso recuerdo
    esta huida del tiempo
    que se fue.
    Evocando el pasado
    y los días lejanos
    lloraré.

    Este viento se lleva
    el ayer de tiniebla
    que pasó,
    una mala borrasca
    que levanta hojarasca
    como yo.
Image and video hosting by TinyPic
Paul Verlaine

"Nada importa nada" - Javier Salvago

Image and video hosting by TinyPic
Imagen de Maria Cristina Faleroni
Si algo enseñan los años
es la poca importancia
que tiene todo.
                Todo,
tarde o temprano, pasa.
El amor, que se va
como viene. La vaga
juventud, con sus sueños,
sus grandes esperanzas.
Días de vino y rosas,
épocas de abundancia
del corazón. El brillo.
La belleza. Las ganas
de llevarse a la vida
por delante. Las fatuas
ilusiones
          —estrellas
que de pronto se apagan
y nos dejan en una
noche oscura del alma—.

El dolor que creías
interminable. El ansia
por conseguir aquello
que, conseguido, es nada.
La vanidad, sus pompas:
gloria, fortuna, fama,
uno mismo, sus obras,
sombras de un sueño, escarcha,
rocío de una noche
que el sol de otra mañana
derrite, vanidades,
espejismos, fantasmas...

Si algo enseñan los años
es que todo se acaba.
Que nada, en este juego,
dura ni importa nada.
Image and video hosting by TinyPic
Javier Salvago

Holaa!

Image and video hosting by TinyPic
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...