Feliz Año Nuevo




 

A quiénes conmigo compartieron una sonrisa, una lágrima, un sueño, un momento en la vida y dejaron su huella en mí, os deseo de todo corazón ¡Feliz Año!


María Madre - Gloria Fuertes


La Virgen,
sonríe muy bella.
¡Ya brotó el Rosal,
que bajó a la tierra
para perfumar!

La Virgen María
canta nanas ya.
Y canta a una estrella
que supo bajar
a Belén volando
como un pastor más.

Tres Reyes llegaron;
cesa de nevar.
¡La luna le ha visto,
cesa de llorar!
Su llanto de nieve
cuajó en el pinar.

Mil ángeles cantan
canción de cristal
que un Clavel nació
de un suave Rosal.
Gloria Fuertes

La Hora - Juan Ramon Jimenez


Cada minuto de este oro
¿no es toda la eternidad?

El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar

¡Ramas últimas, divinas,
inmateriales, en paz;
ondas del mar infinito
de una tarde sin pasar!

Cada minuto de este oro
¿no es un latido inmortal
de mi corazón radiante
por toda la eternidad?

Juan Ramon Jimenez

Los dedos se enamoraban - Miguel Anxo Fernán-Vello

Los dedos se enamoraban
de la nuca suave
caían por la espalda
dibujando caricias
y en la curva pulida
de la cintura redonda
donde crecen las nalgas
blancas moles y suaves
concentraron la forma
de la caricia ondulada
e inventaron lo tierno
y abrazaron lo tibio
y vivieron la calma
de una espira! muy leve
una feliz blandura
una pasión blanquísima
de lunas y de nubes.
 
Miguel Anxo Fernán-Vello
De Do desexo en corpo e sombra, 1984

Definiendo el amor y sus contrariedades - Margarita de Hickey y Pellizzoni

Borrasca disfrazada en la bonanza,
engañoso deleite de un sentido,
dulzura amarga, daño apetecido,
alterada quietud, vana esperanza.

Desapacible paz, desconfianza,
desazonado gozo, mal sufrido,
esclava libertad, triunfo abatido,
simulada traición, fácil mudanza.

Perenne manantial de sentimientos;
efímera aprehensión que experimenta
dolorosas delicias y escarmientos.

Azarosa fortuna; cruel, violenta
zozobra; sinsabor, desabrimientos,
risa en la playa y en el mar tormenta.



Margarita de Hickey y Pellizzoni
(España 1753-1793)

Confidencias - Pierre Louys

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A la siguiente mañana
fui a su casa.
Tímidas amapolas,
las mejillas en brasa.
Y para estar a solas
me hizo entrar a su alcoba, muy ufana.

¡Tenía por preguntarle tantas cosas!
Pero al mirar su cíngulo ceñido
a la altura de las nuevas esposas,
¡por las diosas!
sufrí total olvido
y no osé ni abrazar su cuello erguido.

No ver cambio indiscreto
en su rostro me llenaba de asombro. Todavía
era mi amiga fiel, me parecía.
Pero desde la víspera nupcial, ese secreto
que me llenaba de susto reprimido,
mi amiga habría aprendido.

Súbito, me senté en su regazo;
en redor de su cuello puse el brazo,
y murmuré a su oído
como vivaz epodo,
las preguntas ansiosas.
Entonces ella, con las mejillas juntas, ruborosas,
-entonces ella me lo dijo todo.
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Pierre Louys
De "Las canciones de Bilitis"

Reseña biográfica

Poeta y novelista francés nacido en Gand, Bélgica, en 1870.
Cursó estudios en la escuela Alsaciana de Paris donde inició su carrera poética a los dieciocho años, interesándose por las escuelas parnasianas y simbolistas.  Trabó amistad con André Gide con quien  fundó la revista La Conque publicando en ella textos de renombrados poetas como Mallarmé, Valéry y Verlaine. Inclinado siempre por la poesía erótica de corte elegante, publicó la primera colección de poemas, "Astarté", seguida en 1894 por "Canciones de bilitis" que lo elevó a la fama. La novela "Afrodita", aparecida en 1896, rompió todos los record de ventas en Francia. Divorciado de la hija menor de José María de Heredia, se retiró en  1914 a la aldea de Boulainvilliers, donde se dedicó a la meditación y continuó escribiendo poemas hasta su muerte, ocurrida en 1925.

Ella se siente a veces - Alaíde Foppa

Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por los pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no corteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara
-no pesado silencio-
alguna vez escuchada.
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Alaíde Foppa

Reseña biográfica
De madre guatemalteca y padre argentino, nació en Barcelona en 1914.
Vivió algunos años en Argentina y pasó la adolescencia en Italia. Casada con ciudadano guatemalteco adoptó
la ciudadanía guatemalteca.
Por razones políticas debió exiliarse en México por algunos años. Sus indiscutibles méritos intelectuales le permitieron
ocupar la cátedra de Literatura Italiana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México.
Asimismo, fue fundadora de la cátedra de Sociología de dicha Universidad y catedrática en la Facultad de Humanidades
de la Universidad de San Carlos
de Guatemala.
En 1980 regresó de su exilio. Al poco tiempo de llegar fue secuestrada y desaparecida por el gobierno del dictador
Romeo Lucas García. Sus restos nunca fueron hallados.
De su obra poética merecen destacarse: «La Sin Ventura», «Los dedos de mi mano», «Aunque es de noche»,
«Guirnalda de Primavera», «Elogio de mi cuerpo», «Las palabras y el tiempo».
Tradujo al español El ave Fénix de Paul Eluard, y la Poesía de Miguel Angel. ©

La transmisión del agua de los cuentos - Dolores Erchecopar

había una vez
hubo un día
había una vez
hubo una mano vacía
había una vez
hubo la transmisión del agua de los cuentos
bosque pequeño bajo la nieve
en las cataratas del silencio
(era de madrugada)
y la mano abría una ventana hacia la nieve
(el silencio estaba en esa mano)
había una vez
hubo alegría iba a empezar
la búsqueda de los tesoros
había una vez
yo buscaba el comienzo
y me dieron los sonidos de un antiguo llanto
(tuve que calmar esos sonidos)
había una vez
pero todas las palabras se acostaron para morir
y hubo nubes y dos percherones atados a un carro
había una vez
hubo viento helado
que arrojaban de una altísima montaña
y niños que preguntaban:
¿cómo es del otro lado del viento?
pero bellas nodrizas se llevaban a los niños
al gran parque oscuro
había una vez
hubo un día
hubo un bosque pequeño
bajo la nieve
bajo el silencio
bajo la mano vacía
bajo los hilos
de la muerte o del sol
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Dolores Erchecopar
De "Notas salvajes" pag. 19
Editorial Argonauta, Buenos Aires 1989

Atardeció sin ti - Antonio Gala

Atardeció sin ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.

Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.
Antonio Gala

Declaración de amor - Carilda Oliver


                                       Haz el amor, no la guerra...

Pregunto si llevo corazón
cuando despierto el peligro entre sus muslos,
si me equivoca
cuando preparo la única trinchera
en su garganta.

Yo sé que la guerra es probable;
sobre todo hoy
porque ha nacido un geranio.

Por favor, no apuntéis al cielo
con vuestras armas:
se asustan los gorriones,
es primavera,
llueve,
y está el campo pensativo.

Por favor,
derretiréis la luna que da sobre los pobres.

No tengo miedo,
no soy cobarde,
haría todo por mi patria;
pero no habléis tanto de cohetes atómicos,
que sucede una cosa terrible:
lo he besado poco.
Carilda Oliver


Reseña biográfica
Poeta cubana nacida en Matanzas en 1924.
Estudió Derecho en la Universidad de La Habana ejerciendo la profesión en su ciudad natal, donde además
dictó cursos de dibujo, pintura y escultura.
Es una de las más sobresalientes poetisas de hispanoamérica, ganadora de importantes premios literarios:
Premio Nacional de Poesía en 1950, Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional, ganadora del Certamen 
Hispanoamericano organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del
nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Nacional de Literatura en 1997 y Premio Internacional José de
Vasconcelos en el año 2002.
Entre sus obras se destacan: «Al sur de mi garganta» en 1949,  «Memoria de la fiebre» en 1958, «Versos de amor»
en 1963, «La ceiba me dijo tú» en 1979,  «Desaparece el polvo» en 1983, «Calzada de Tirry 81» en 1987, «Se me ha
perdido un hombre» en 1993 y «Libreta de la recién casada» en 1998. ©

Te recuerdo como eras en el último otoño - Pablo Neruda

 
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.  
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

 
Pablo Neruda

Bakú de noche - Nâzim Hikmet




Noche sin estrellas hasta el pesado mar
noche cerrada y oscura
la ciudad de Bakú es un soleado campo de trigo
Estoy en la colina,
el sol me da de lleno en la cara
se escucha en el aire un preludio de rast que fluye como las
                                                           aguas del Bósforo.

Estoy en la colina,
mi corazón es como una balsa
                                             que se aleja en una separación infinita
                                              y va más allá de los recuerdos
                                              hasta el pesado mar sin estrellas
                                                          en la noche cerrada y oscura.
Nâzim Hikmet
Bakú, febrero de 1960
De "Últimos poemas 1959-1960-1961"

Reseña biográfica

Poeta, dramaturgo y novelista turco nacido en Salónica, hoy ciudad griega, en 1902.
Gracias a que su abuelo fue poeta, su padre diplomático y su madre pintora, creció en un ambiente familiar intelectual. Estudió en un colegio francés  y a los 19 años viajó a Moscú donde estudió Ciencias Políticas y profundizó su interés sobre el comunismo, del que fue siempre ferviente practicante.
En 1924 regresó a Estambul, trabajó activamente en la política, eludió la cárcel viajando de nuevo a Moscú, y al radicarse de nuevo en Turquía en 1929, alternó la lucha política con la publicación de obras de teatro, novelas  y varios poemarios, entre los que sobresalen "Y van 3"  en 1930, "Telegrama nocturno" en 1932, y "La ciudad que perdió la voz" en 1933. En los años siguientes continuó con la lucha antifascista, publicó "La epopeya de Sheik Bedreddin" en 1936 y a partir de 1940 cumplió una larga condena hasta 1950, cuando fue liberado.
En 1952 se radicó definitivamente en Moscú, y en 1957 publicó su más famosa obra  "Duro oficio el exilio". Falleció en Moscú en 1963.

Abismos - Piedad Bonnett


Porque eres ave que girando en rebeldía
desafía la bruma
                                     la ardua noche
haciéndola más honda y más oscura
y más inmenso el mar
                                     porque eres nave y náufrago a la vez
                                     sin velas y sin anclas
                                     solitario
                                     profanador de todos los confines
potro de sombras desbocado y dulce
para la libertad
                                     y el cielo galopante
hecho de vientos y hecho de huracanes
y sin embargo calmo como el agua
de misteriosos y profundos lagos
                                     porque extraviado pero indiferente
                                     como un rey agraviado deambulas
                                     por los caminos de un imperio en ruinas
                                     porque eres un reloj sin manecillas
                                     un bello loto sobre los pantanos
porque te vi sonriendo en tus orillas
                    cayendo voy
                    errática y ardida
en tus oscuros mundos abismales.

Piedad Bonnett
"Círculo y Ceniza"

Esponsales - Tudor Arghezi

 
Quieres ser tu mi tierra
con sembrados, con viñas, con estanques,
con bosques, con arroyos y animales salvajes?

Las vacas traerán sus ubres llenas
y mugirán en nuestra puerta
adornada de acacias y de flores azules.

Las comadrejas jugarán en el patio
con lechones y patos,
con polluelos de seda, sin dañarlos.

Cantarán uno a uno los granos de maíz
y espantarán las nubes de mosquitos.

Los altos arces frente a nuestra terraza
mientras el gallo canta moverán sus follajes.

Traeremos grandes cestas de flores
y con ramas de mimbre
entre ambos tejeremos nuestro nido.

Y con la lana en vellones
formaremos la cuna de los gatos.

Quieres ser mi jardín,
de esbeltas hierbas y de terciopelo?
                                                                 1935
 Tudor Arghezi
"De 44 poetas rumanos"
Reseña biográfica

Seudónimo de Ion Theodorescu, poeta y novelista rumano nacido en Bucharest en 1880.
Después de terminar la escuela básica en Saint Sava High School, trabajó en diversos oficios para sostener sus estudios superiores. En 1896 publicó los primeros versos en la revista de su orientador Alexandru Macedonski, mostrando desde entonces su inclinación por la escuela simbolista.
Ingresó como monje en el monasterio Cordeleri y posteriormente  vivió en Paris y Suiza e Italia. A su regreso a Rumania en 1916, fue perseguido y encarcelado por su neutralidad política. Su primera publicación poética apareció en 1927 con el nombre de "Palabras adecuadas".
Sus escritos contra la autoridad nazi establecida en Rumania durante la segunda guerra mundial, lo llevan de nuevo a la cárcel en 1944.
En 1965 recibió máximos honores y fue declarado por el gobierno como Poeta Nacional. Falleció en 1967

Luminosidad del beso - Israel Clará


Por qué no supe amarte más despacio,
con un amor tranquilo y más profundo,
por qué en las retahílas de este mundo
el invierno tan sólo fue el prefacio

de tu ausencia materna, de aquel sacio
laberinto anunciado y tan rotundo
en que perdí mi infancia y donde infundo
más valor al guerrero samotracio,

a la victoria alada de tu sueño.
Así conquisto tierras tan lejanas
que sólo tú conoces el regreso

con recobrada fuerza en el empeño
de morir amparada entre las sábanas,
entre los claros bosques de mi beso.
 Israel Clará

En mi jardín avanza un pájaro - Emily Dickinson


En mi jardín avanza un pájaro
sobre una rueda con rayos,
de música persistente
como un molino vagabundo.

jamás se demora
sobre la rosa madura.
prueba sin posarse
elogia al partir,

cuando probó todos los sabores,
su cabriolé mágico
va a remolinear en lontananzas,
entonces me acerco a mi perro,

y los dos nos preguntamos
si nuestra visión fue real,
o si habríamos soñado el jardín
y esas curiosidades.

¡pero él, por ser más lógico,
señala a mis torpes ojos-
las vibrantes flores!
¡Sutil respuesta!
Emily Dickinson

Soy como un espíritu que mora - Percy Bysshe Shelley


Soy como un espíritu que mora
en lo más hondo del corazón.
Siento sus sentimientos,
pienso sus pensamientos
y escucho las conversaciones más íntimas del alma,
la voz que sólo se oye en el rumor de la sangre,
cuando el vaivén de los latidos
se asemeja al sosegado oleaje del océano estival.

He desatado la melodía dorada
de su alma profunda y me he zambullido en ella
y, como el águila en medio de la bruma y la tormenta,
he dejado que mis alas se adornasen
con el fulgor de los rayos. 
Percy Bysshe Shelley 

Sólo tengo un deseo - Mihai Eminescu



Sólo tengo un deseo:
     que en la paz de la tarde
me permitáis morir
     a la orilla del mar;
me sea dulce el sueño
     y el bosque esté cercano,
     que en la extensión del agua
reine un cielo sereno.
     Oriflamas no quiero,
ni un lujoso ataúd,
hacedme sólo un lecho
     con las jóvenes ramas.

Y nadie junto a mí
     llore en mi cabecera,
nada más que el otoño
     hable en las hojas secas.
Mientras corren las fuentes
     cayendo rumorosas,
     se deslice la luna
sobre los altos pinos.
     Que las esquilas suenen
al viento de la tarde,
que sobre mí el sagrado
     tilo vuelque sus ramas.

Como ya no andaré
     nunca más errabundo,
tiernamente mi tumba
     cubrirán los recuerdos.
Los astros, que se elevan -
     de la enramada en sombra,
     serán para mí amigos,
sonriendo de nuevo.
     Gemirá apasionado
el canto del mar áspero...
y me volveré tierra
     en mi honda soledad.
 Mihai Eminescu 

Déjame confesar que somos dos... - William Shakespeare

Déjame confesar que somos dos
aunque es indivisible el amor nuestro,
así las manchas que conmigo quedan
he de llevar yo solo sin tu ayuda.

No hay más que un sentimiento en nuestro amor
si bien un hado adverso nos separa,
que si el objeto del amor no altera,
dulces horas le roba a su delicia.

No podré desde hoy reconocerte
para que así mis faltas no te humillen,
ni podrá tu bondad honrarme en público
sin despojar la honra de tu nombre.

Mas no lo hagas, pues te quiero tanto
que si es mío tu amor, mía es tu fama.
 
 
 
William Shakespeare

Lingüistas - Mario Benedetti


Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:

¡Qué sintagma!
¡Qué polisemia!
¡Qué significante!
¡Qué diacronía!
¡Qué exemplar ceterorum!
¡Qué Zungenspitze!
¡Qué morfema!

La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ''Cosita linda".


Mario Benedetti 
(Despistes y franquezas, 1996)

El ansia de los colores - Edith Södergran



Porque soy pálida amo el rojo, el amarillo y el azul,
la gran blancura es melancólica como el crepúsculo
          en la nieve,
como cuando la madre de Blancanieves a la ventana se sentaba
          anhelando también para sí el rojo y el negro.
El ansia de los colores es el de la sangre. Si tienes sed
          de belleza
cerrar debes los ojos y mirar en tu propio corazón.
Pero la belleza teme al día ya las miradas excesivas.
 
Pero la belleza no soporta el ruido ni los movimientos excesivos -
 no debes llevar tu corazón hasta los labios,
perturbar no debemos los nobles anillos de la soledad y del silencio, -
¿se puede hallar algo más grande que un enigma sin resolver
          y con extraños rasgos?
 
Taciturna seré toda mi vida,
una habladora es como el gárrulo arroyo que a sí mismo se traiciona,
un árbol solitario seré yo en la llanura,
los árboles del bosque perecen de ansia después de la tormenta,
debo estar sana de pies a cabeza y tener dorados rayos en la sangre,
debo ser inocente y pura como una llama de húmedos labios.


 Edith Södergran

Erótico - Marguerite Yourcenar


Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.
Marguerite Yourcenar

Oda a la envidia - Pablo Neruda


Yo vine
del Sur, de la Frontera.
La vida era lluviosa.
Cuando llegué a Santiago
me costó mucho cambiar de traje.
Yo venía vestido
de riguroso invierno.
Flores de la intemperie
me cubrían.
Me desangré mudándome
de casa.
Todo estaba repleto,
hasta el aire tenía
olor a gente triste.
En las pensiones
se caía el papel
de las paredes.
Escribí, escribí sólo
para no morirme.
Y entonces
apenas
mis versos de muchacho
desterrado
ardieron
en la calle
me ladró Teodorico
y me mordió Ruibarbo.
Yo me hundí
en el abismo
de las casas más pobres,
debajo de la cama,
en la cocina,
adentro del armario,
donde nadie pudiera examinarme,
escribí, escribí sólo
para no morirme.

Todo fue igual. Se irguieron
amenazantes
contra mi poesía,
con ganchos, con cuchillos,
con alicates negros.

Crucé entonces
los mares
en el horror del clima
que susurraba fiebre con los ríos,
rodeado de violentos
azafranes y dioses,
me perdí en el tumulto
de los tambores negros,
en las emanaciones
del crepúsculo,
me sepulté y entonces
escribí, escribí sólo
para no morirme.

Yo vivía tan lejos, era grave
mi total abandono,
pero aquí los caimanes
afilaban
sus dentelladas verdes.

Regresé de mis viajes.
Besé a todos,
las mujeres, los hombres
y los niños.
Tuve partido, patria.
Tuve estrella.

Se colgó de mi brazo
la alegría.
Entonces en la noche,
en el invierno,
en los trenes, en medio
del combate,
junto al mar o las minas,
en el desierto o junto
a la que amaba
o acosado, buscándome
la policía,
hice sencillos versos
para todos los hombres
y para no morirme.

Y ahora,
otra vez ahí están.
Son insistentes
como los gusanos,
son invisibles
como los ratones
de un navío
van navegando
donde yo navego,
me descuido y me muerden
los zapatos,
existen porque existo.
Qué puedo hacer?
Yo creo
que seguiré cantando
hasta morirme.
No puedo en este punto
hacerles concesiones.
Puedo, si lo desean,
regalarles
una paquetería,
comprarles un paraguas
para que se protejan
de la lluvia inclemente
que conmigo llegó de la Frontera,
puedo enseñarles a andar a caballo,
o darles por lo menos
la cola de mi perro,
pero quiero que entiendan
que no puedo
amarrarme la boca
para que ellos
sustituyan mi canto.
No es posible.
No puedo.
Con amor o tristeza,
de madrugada fría,
a las tres de la tarde,
o en la noche,
a toda hora,
furioso, enamorado,
en tren, en primavera,
a oscuras saliendo
de una boda,
atravesando el bosque
o en la oficina,
a las tres de la tarde
o en la noche,
a toda hora,
escribiré no sólo
para no morirme,
sino para ayudar
a que otros vivan,
porque parece que alguien
necesita mi canto.
Seré,
seré implacable.
Yo les pido que sostengan
sin tregua el estandarte
de la envidia.
Me acostumbré a sus dientes.
Me hacen falta.
Pero quiero decirles
que es verdad:
me moriré algún día
(no dejaré de darles
esa satisfacción postrera),
no hay duda,
pero moriré cantando.
Y estoy casi seguro,
aunque no les agrade esta noticia,
que seguirá
mi canto
más acá de la muerte,
en medio
de mi patria,
será mi voz, la voz
del fuego o de la lluvia
o la voz de otros hombres,
porque con lluvia o fuego quedó escrito
que la simple
poesía
vive
a pesar de todo,
tiene una eternidad que no se asusta
tiene tanta salud
como una ordeñadora
y en su sonrisa tanta dentadura
como para arruinar las esperanzas
de todos los reunidos
roedores.
 
Pablo Neruda 

Buenos días, tristeza - Josefa Parra


A veces llega la tristeza. Trae
las alas suaves de conformidades,
los ojos bajos y la piel desnuda,
y parece tan fácil entregarse,
despojarse, poner bajo sus plantas
el reino, los poderes y las armas,
el amor sobre todo, y esos últimos

retales que nos quedan de alegría.

A veces gana la tristeza; entonces,
qué lujo de matices su victoria,
qué fasto de sus grises y sus pardos
ocupándolo todo.
        Buenos días,
-he de decir-, tristeza, aquí me tienes.

 

 
Josefa Parra
De "Alcoba del agua" 2002

El amar y el querer - Ramón de Campoamor


A la infiel más infiel de las hermosas
un hombre la quería y yo la amaba;
y ella a un tiempo a los dos nos encantaba
con la miel de sus frases engañosas.

Mientras él, con sus flores venenosas,
queriéndola, su aliento empozoñaba,
yo de ella ante los pies, que idolatraba,
acabadas de abrir echaba rosas.

De su favor ya en vano el aire arrecia;
mintió a los dos, y sufrirá el castigo
que uno le da por vil, y otro por necia.

No hallará paz con él, ni bien conmigo
él, que sólo la quiso, la desprecia;
yo, que tanto la amaba, la maldigo.
Ramón de Campoamor
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