El Arroyo - Jacques Prévert


Ha pasado mucha agua bajo los puentes
y enormes cantidades de sangre

Pero a los pies del amor
corre un gran arroyo blanco

Y en los jardines de la luna
en los que cada día se celebra tu fiesta
ese arroyo canta mientras duerme

Y esa luna es mi cabeza
donde gira un enorme sol azul

 Y ese sol son tus ojos
Jacques Prévert

Cuando algo nuestro - Gloria Fuertes



Cuando algo nuestro intacto
se funde y me confunde
somos uno en dos partes
que sufren por su cuenta,
desesperadamente algo nuestro se busca
sin ayuda de nada algo nuestro encuentra.

La unión se realiza,
la ausencia no atormenta,
el dolor se desmaya,
el silencio se expresacuando el amor no dice
la única palabra
esta escrito el poema.

Alto y profundo es esto que nos une,
esto que nos devora y que nos crea;
ya se puede vivir
teniendo el alma
del que esperas;
pena es tener tan solo una vida
sólo una vida es poco
para esto de querer sin recompensa.

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Gloria Fuertes

La Ansiosa - Gabriela Mistral



Antes que él eche a andar,
está quedado el viento Norte,
hay una luz enferma,
el camino blanquea en brazo muerto
y, sin gracia de amor, pesa la tierra.

Y cuando viene, lo sé por el aire
que me lo dice, alácrito y agudo;
y abre mi grito en la venteada un tubo
que le mima y le cela los cabellos,
y le guarda los ojos del pedrisco.

Vilano o junco ebrio parecía;
apenas era y ya no voltijea;
viene más puro que el disco lanzado,
más recto, más que el albatros sediento,
y ahora ya la punta de mis brazos
afirman su cintura en la carrera...

Pero ya saben mi cuerpo y mi alma que
viene caminando por la raya
amoratada de mi largo grito,
sin enredarse en el fresno glorioso
ni relajarse en los bancos de arena.

¿Cómo no ha de llegar si me lo traen
los elementos a los que fui dada?
El agua me lo alumbra en los hondones,
el fuego me lo urge en el poniente
y el viento Norte aguija sus costados.

Mi grito vivo no se le relaja;
ciego y exacto lo alcanza en los riscos.
Avanza abriendo el matorral espeso
y al acercarse ya suelta su espalda,
libre lo deja y se apaga en mi puerta.

Y ya no hay voz cuando cae a mis brazos
porque toda ella quedó consumida,
y este silencio es más fuerte que el grito
si así nos deja con los rostros blancos.

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Gabriela Mistral
Libro Lagar - Sección Locas Mujeres


Andaluces de Jaén - Miguel Hernández


 
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos
decidme en el alma quién,
quién levantó los olivos
Andaluces de Jaén

No los levantó la nada
ni el dinero ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura,
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de sus troncos retorcidos

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos
decidme en el alma quién,
quién levantó los olivos
Andaluces de Jaén.

Cuántos siglos de aceituna...
Los pies y las manos presos...
Sol a sol y luna a luna
pesan sobre nuestros huesos.

Jaén levántate brava
sobre tus piedras lunares
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos.
Pregunta mi alma de quién,
de quién son estos olivos
fundiendo...
 




Poema al Mar - Cristina Cioffi




Tú que tantas veces me envolviste en tus olas cuando estaba triste,
extrañando al amor que estaba lejos...


Tú que recibiste mis lágrimas confundiéndolas con las gotas que son tu esencia;
por ellas eres lo que eres...


Tú que brindaste paz y sosiego a mi espíritu andariego...


Tú que me enamoraste tantas veces, ocupando mi tiempo, robando mi tiempo,
enredándome en tu tiempo tan salvaje y desmedido...


He necesitado confundirme con tu cuerpo y acariciarte tantas veces,
en cada salto, en cada cielo, en cada luna reflejada en ti...


No dejes que los hombres te cambien de color y piensa que, cada vez que te visito,
me ilumino con estrellas de mar, con vida, e ilusión.





Cristina Cioffi

Hora tras Hora, Día tras Día - Rosalía de Castro

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Entre el cielo y la tierra que quedan
Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
En dónde, alma mía?

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Rosalía de Castro

Llénate de mi - Pablo Neruda



 


Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora,
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.

Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios que no tienen palabras,
tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.

Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.

Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.

Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
debe ser de metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,
no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.
No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, lloraría, gemiría.

No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme?
Qué designio, qué‚ palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidéz no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos. Rompamos este camino juntos.
Ser‚ la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrificarme.
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.

Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
inundando las tierras como un río terrible,
desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos,
destrozando,
quemando,
arrasando
como una lava loca lo que existe,
correr fuera de mi mismo, perdidamente,
libre de mí, Curiosamente libre.
¡Irme, Dios mío, irme!

 

Pablo Neruda

Hoy es el día

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Hoy es el día que romperé el espejo,
donde se afianzaban mis inseguridades.

Hoy es el día en que creeré firmemente
que ya está a la vuelta lo que yo quiero.

Hoy es el día en el que me despojo de mis sueños
y me lleno de propósitos firmes.

Hoy cambiaré mis deseos por seguridades.

Hoy desnudaré mi piel y me lanzaré de lleno
a ese mar de esperanza que palpita dentro mío,
que ruge y pierde la calma,
ya no me resigno, la lucha comienza hoy,
contra mis conformismos, contra mis decepciones.

Es mi pensamiento más fuerte
y mis cualidades más concretas este día soy mejor,
voy segura a donde mi razón y el corazón quierean llevarme.
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·Kamala·

Oficio de tinta - Miguel Sánchez Gatell

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Con las puertas abiertas
definitivamente
al dolor al dolor al dolor,
al crepúsculo humano, a los acontecimientos
resbaladizos, grises del corazón, de los ojos
cortados, bruscamente, a la plata verde,
a la plata blanda y verde del mundo,
ahora que todo está un poco más claro,
sólo un poco más claro,
con la luna y el agua y las conversaciones,
quiero buscar otros signos, otra pólvora
que repita la sangre por los pétalos.
Si no, ¿para qué el pulso?
si no, ¿para qué el cielo?
¿Para qué los esfuerzos minerales?
¿Y el mar? ¿Y los latidos? ¿Y los labios?
¿Para qué si la tinta no salta
como una antigua bestia enfurecida,
como un eterno cíclope de sangre,
como una ola loca y fecundada?
Que salte saltando, con un corazón caliente entre las manos.
Que salte, que salpique de muertos las mesas negras de los escritores.
Que salte, que haga huir a la rana ya la rata.

Que salte.
Que hunda.
Que duela.
Que salte.

La ciudad de sueño y exactos precipicios,
que salte.
La enredadera blanca del cielo del invierno,
que salte.
La mujer que pregunta a qué edad mueren los hombres,
que salte.
El niño que reune caracolas y peces asustados y diluvios,
que salte.
Como una mano negra que necesariamente mancha,
que necesariamente explica y tiembla y tiembla
y resucita los llantos de los gatos,
como un siglo llenísimo de tortugas errantes,
como un mar imposible de barcos degollados.
Que salte.
Que salte que salte que salte.
Que salte siempre.
Que siga saltando
Con las puertas abiertas y las manos hundidas para siempre
en la tierra.
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Miguel Sánchez Gatell
( España, 1965 )
De "La soledad absoluta de la tierra" 

El odio - Wislawa Szymborska



Qué ágil todavía.

¡Qué bien está!

En nuestro siglo el odio
qué fácilmente libra los mayores obstáculos.


Saltar y asaltar, qué fácil le resulta.


No es como los otros sentimientos,
más viejo y a la vez más joven.


Crea él mismo las causas
que le dan la vida.

Aun si duerme
nunca descansa en paz.

Sin trabajar no pierde las fuerzas: las recobra.

Religión o no religión

Basta con hincarse al arrancar.

Patria o no patria

Con tal de levantarse para correr.

Tal vez un poco de justicia al principio.

Después ya a toda prisa.

El odio. El odio.

La cara se le deforma
en el éxtasis del orgasmo.

Allá los otros sentimientos
malhadados y torpes.

¿Desde cuándo la fraternidad
cuenta con multitudes?

¿La compasión alguna vez
llegó primero a la meta?

¿Cuántos aficionados se adhieren a la duda?

Sólo el odio secuestra y sabe su negocio.

Capaz, inteligente, laborioso.

Para qué mencionar los cantos que ha compuesto.

Las páginas de la historia que ha escrito.

Las multitudes que ha extendido como alfombras
sobre las grandes plazas y los estadios.

No hay que engañarse:
puede crear bellezas.

Sus fulgores nocturnos son hermosos.

Explosiones humeantes en el rosa del alba.

Son grandiosas las ruinas, no podemos negarlo.

Ni el humor desarmante
de una columna solitaria que se alza entre ellas.

Es el maestro del contraste
entre el cosquilleo y el silencio,
entre la sangre roja y la nieve blanca.

Y ante todo nunca le aburre
el móvil del escrupuloso asesino
sobre la victima deshonrada.

Siempre dispuesto a las nuevas tareas,
si es prudente esperar, espera.

Dicen que es ciego. ¿Ciego,
con los ojos agudos de francotirador,
con la seguridad con que mira el futuro?

El mismo.




Wislawa Szymborska

La Balada Del Agua Del Mar - Federico Garcia Lorca


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El mar
sonríe a lo lejos,
Dientes de espuma.
Labios de cielo.

¿ Qué vendes, oh joven turbia,
Con los senos al aire?

--Vendo, señor, el agua
De los mares-

¿ Qué llevas. oh negro joven.
Mezclado con tu sangre?

-Llevo, señor, el agua
De los mares—

Esas lágrimas salobres.
¿de dónde vienen, madre ?

-Lloro, señor, el agua
De los mares—

Corazón, y esta amargura
Seria, ¿de dónde nace?

-¡Amarga mucho el agua
De los mares!—

El Mar
Sonríe a lo lejos.
Dientes de espuma,
Labios de cielo.
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Federico Garcia Lorca

Guerra de la calle, guerra del alma - Eduardo Galeano

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Persigo a la voz enemiga que me ha dictado la orden de estar triste. A veces, se me da por sentir que la alegría es un delito de alta traición, y que soy culpable de Huillca, en el Perú, hablando ante las ruinas: “Aquí llegaron. Rompieron hasta las piedras. Querían hacernos desaparecer. Pero no lo han conseguido, porque estamos vivos y eso es lo principal”. Y pienso que Huillca tenía razón. 

Estar vivos: una pequeña victoria. Estar vivos, o sea: capaces de alegría, a pesar de los adioses y los crímenes, para que el destierro sea el testimonio de otro país posible.

A la patria, tarea por hacer, no vamos a levantarla con ladrillos de mierda. ¿Serviríamos para algo, a la hora del regreso, si volviéramos rotos?

Requiere más coraje la alegría que la pena. 
A la pena, al fin y al cabo, estamos acostumbrados. 
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Eduardo Galeano

Relatos de viajes - Charles Baudelaire


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"¡Asombrosos viajeros! ¡Qué nobles relatos

leemos en vuestros ojos profundos como los mares!

Mostradnos los joyeros de vuestras ricas memorias,

esas alhajas maravillosas, hechas de astros y de éter.


¡Deseamos viajar sin vapor y sin velas!


Para ahuyentar el tedio de nuestras prisiones,

haced desfilar nuestros espíritus, tensos como un lienzo,

vuestros recuerdos enmarcados por horizontes.

Decid, ¿qué habéis visto?"

Charles Baudelaire
Fragmento del "El viaje"

Hamlet - William Shakespeare

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"Ser o no; ser es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y si durmiendo terminaran
las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, sería una conclusión
seriamente deseable. Morir, dormir:
dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio
y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién
soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del tirano, la afrenta del soberbio,
las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo,
los insultos que sufre la paciencia,
pudiendo cerrar cuentas uno mismo
con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas,
gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá,
la tierra inexplorada de cuyas fronteras
ningún viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace soportar los males que tenemos
antes que huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo
se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad
por tal motivo se desvían de su curso
y ya no son acción. ? Pero, alto:
la bella Ofelia. Hermosa, en tus plegarias
recuerda mis pecados. "

 

William Shakespeare
 To be or not to be”, Hamlet’s soliloquy in act III, scene 1
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