Quien tuvo el poder - Osvaldo Ulloa



Quien tuvo el poder
de convertirte a ti en tu propio enemigo?
Fue acaso un hechicero
que dominaba la furia del fuego
la dirección de las estrellas
y las mareas de los océanos?
O fue un dios inmortal todopoderoso
al que tú obedecías
como la arcilla en las manos del alfarero?
Quién fue tan poderoso
que logró hacer que tú no te quisieras
como no se quiere el agua
cuando se escurre en distintas direcciones
y ya dispersa no puede avanzar en dirección al mar?
Tienes que tomar conciencia de que fue alguien igual a ti
el que logró que tu no te quisieras
y si quieres vivir la vida vivo
tienes que amigarte contigo mismo
abrázate con fuerza en este instante
como si ese abrazo fuese cosa de vida o muerte.
La verdad es que de él depende todo tu futuro
la vida será más intensa y profunda
mientras más apretado sea ese abrazo.
Escúchate a ti mismo de modo tal
que logres olvidar la voz de aquel
que un día hizo
que te convirtieras en tu propio enemigo.

© Osvaldo Ulloa

Secreto - Luis García Montero



Nos pusimos de acuerdo.

Yo esperaba sin prisa por la esquina,
me hacía el despistado,
hablaba con el niño y los borrachos,
encendía un cigarro o compraba el periódico.

Aparenté no verte
llegar casi sin prisa,
arreglarte un momento en el descapotable,
abrir la puerta,
subir hasta el segundo.

Yo despisté al portero de las barbas rojizas,
y allí,
sin los silencios
del joven que se enfrenta,
sin tu arbolado anillo de goleta
que surca el matrimonio,
a pesar de tus pieles y mi piel,
nos pusimos de acuerdo.


Luis García Montero

Cansada de rodar - Carmen Martín Gaite


Cansada de rodar,
de soñar apariencias,
de debatirse en vano
ensayando posturas de defensa o de ataque,
de convertirse en otra,
esa mujer perdida por Manhattan
se ha escondido en un cuadro de Edward Hopper,
se ha sentado en la cama de una pensión anónima
y ya no espera nada.

Sin abrir tan siquiera la maleta,
acaba de quitarse los zapatos
porque los pies le duelen,
se ha quedado sola entre cuatro paredes,
condenada a aguantar a palo seco
esa luz de la tarde ya en declive
que se filtra en la estancia
veteada de brillos engañosos,
con los brazos caídos y la mirada estática,
clavada eternamente de cara a una ventana
que de tan bien pintada parece de verdad.


Carmen Martín Gaite 
(1925-2000)

Un Crepúsculo - Concha González-Nieto



Ignoramos como llamarte.
En esta oscuridad que recordaba los silencios
en esa luz que paseaba el último resplandor
por los acantilados,
cerca del mar donde fluía la palabra.

Había en ese espacio tanto fuego
que no bastó la brisa de las hojas
para apagar los verbos que por azar
rondaban entre las olas y el viento
perdidos en las viejas rutas de los barcos.

Y fueron las rocas, la tierra,
la línea de tus labios
quién tras descubrir el arco morado
de la tarde
le dio nombre profundo al aire
y lo llamó
crepúsculo.
Concha González-Nieto

Casa de muñecas - Amparo Amorós



Homenaje a Hennik Ibsen

Pero tú, Nora, sal, abre esa puerta
aunque te tiemble el pulso, ábrete paso,
crece, madura, ser mujer acaso,
sea afirmarse en una herida abierta.

Deja, atrás esa trampa que encubierta 
te encarcela en su horizonte escaso
sometiendo tus sueños al fracaso
de una prisión dorada, pero cierta.

No vuelvas la cabeza si no quieres 
que en sal, se esculpa, yerma, tu estatura.

Esa fuerza naciente que ahora eres
no ha de rendir el árbol de su altura.
 
Tienes la tierra ante tus pies: ¡avanza! 
He puesto en tu coraje, mi esperanza.



Amparo Amorós

La danza inmovil - Alejandra Pizarnik

Mensajeros en la noche anunciaron lo que no oímos.
Se buscó debajo del aullido de la luz.
Se quiso detener el avance de las manos enguantadas
que estrangulaban a la inocencia.

Y si se escondieron en la casa de mi sangre,
¿cómo no me arrastro hasta el amado
que muere detrás de mi ternura?
¿Por qué no huyo
y me persigo con cuchillos
y me deliro?

De muerte se ha tejido cada instante.
Yo devoro la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar el color del cielo.

Pero ellos y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta.


Alejandra Pizarnik

Bajo Una Pequeña Estrella - Wislawa Szymborska


Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
 
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
 
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
 
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
 
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
 
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
 
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
 
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
 
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce
después para que parezcan ligeras.
 Wislawa Szymborska

Amor lejano - José M. García Velázquez



Te amo aun cuando no llego a tu encuentro,
escucho tu risa silenciada por la lejanía,
tu aroma ocultado por la indiferencia,
tu cuerpo abrigado por nubes de ilusiones.

Te amo mucho mas de lo que he amado,
no has estado presente en mis penumbras,
te busco en las tinieblas de mi existencia,
para que inspires mi ansias de amor.

Te amo porque siempre te he amado,
no he visto tu contorno trazado en mi camino,
he caminado por senderos equivocados,
mientras esperas reclinada en mis anhelos.
 
José M. García Velázquez

Principio y fin - Eloy Sánchez Rosillo

" Puede ser que te digas: "El verano que viene
quiero volver a Italia", o: "El año que hoy empieza
tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte
acabaré mi libro", 

y también: "Cuando crezca
mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?".
 

Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;
terminaste hace muchos años el libro aquel
en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre
y siguió su camino, lejos de ti. Los días
que vendrán ya vinieron. 


Y luego cae la noche.
A la vez respiramos la luz y la ceniza.
Principio y fin habitan en el mismo relámpago. "


 
Eloy Sánchez Rosillo

Lluvia - Amelia Biagioni


Llueve porque te nombro y estoy triste,
porque ando tu silencio recorriendo,
y porque tanto mi esperanza insiste,
que deshojada en agua voy muriendo.

La lluvia es mi llamado que persiste
y que afuera te aguarda, padeciendo,
mientras por un camino que no existe
como una despedida estás viniendo.

La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.
La lluvia, perro gris que reconoce
tu balada; la lluvia, mi recuerdo.

Iré a estrechar tu ausencia lluvia adentro,
a recibir tu olvido en largo roce:
Que mi sangre no sepa que te pierdo.

Amelia Biagioni

Sol de invierno - Antonio Machado


Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.

Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.

Un viejecillo dice
para su capa vieja:
"¡El sol, esta hermosura
de sol...!" Los niños juegan.

El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

Antonio Machado

Te amo - Paul Ëluard

Te amo por todas las mujeres que no he conocido
Te amo por todos los tiempos que no he vivido
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores
Por los animales puros que el hombre no persigue
Te amo por amar
Te amo por todas las mujeres que no amo

Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco
Sin ti no veo más que una planicie desierta
Entre antes y ahora
Están todas estas muertes que he sorteado sobre paja
No he podido atravesar el muro de mi espejo
Tuve que aprender la vida como se olvida
Palabra por palabra

Te amo por tu sabiduría que no me pertenece
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión
Por el corazón inmortal que no poseo
Crees ser la duda y no eres sino razón
Eres el sol que me sube a la cabeza
Cuando estoy seguro de mí.
 Paul Ëluard
(1895 - 1952)

Dilo, dilo otra vez - Elizabeth Barret Browning


Dilo, dilo otra vez, y repite de nuevo
que me quieres, aunque esta palabra repetida,
en tus labios, el canto del cuclillo recuerde.


Y no olvides que nunca la fresca primavera
llegó al monte o al llano, al valle o a los bosques,
en su entero verdor, sin la voz del cuclillo.


Me saluda en las sombras, amado mío, incierta,
esa voz de un espíritu, y en mi duda angustiosa,
clamo: «¡Vuelve a decir que me quieres!» ¿Quién
teme un exceso de estrellas, aunque los cielos colmen,
o un exceso de flores ciñendo todo el año?

Di que me quieres, di que me quieres: renueva
el tañido de plata ; mas piensa, amado mío,
en quererme también con el alma, en silencio. 


Elizabeth Barret Browning

(Inglaterra 1806-1861)

Las Tres Lágrimas - Vera Regina Marçallo Gaetani


La primera lágrima brotó
tan de repente
que asustada rodó,
desempeñándose en tropiezos
de mi rostro joven y ardiente.


La segunda, ya no tan loca,
miró para un lado y para el otro
después descendió agarrándose
 pero murió en mi boca.


 La tercera vino serena,
conociendo la situación.


Paseó, tan despacio,
 mi rostro todo ensopando
que nunca pude borra
las marcas que fue dejando.





Vera Regina Marçallo Gaetani
(Poesia sacada de la Antologia "Poesia Brasileña Para El Nuevo Milenio" Brasil/Cuba)

Acabar con todo - Octavio Paz


Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.

Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.

Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.


Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.


Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo. 


Octavio Paz

El viaje - Jorge Bousoño

Partiré próximamente
de viaje contigo, vida
mano a mano, yo contigo
sin boleto de regreso.

Mi botín está repleto
(hojas secas, raíces, surcos)
cultivar más asperezas
sería tonto, sí, absurdo
demasiadas tristezas
ya hemos guardado.

Retando todo tiempo vas
entre dedos los recuerdos
los momentos, las vivencias
más, ni por tu mente pase
volver a desempacar. 
Jorge Bousoño

Ya Nunca Más Diré: Todo Termina - Antonio Gala

Ya nunca más diré: «Todo termina»,
sino: «Sonríe, alma, y comencemos.»
En nuevas manos pongo nuevos remos
y nuevas torres se alzan de la ruina.

Otra alegre mañana determina
el corazón del mundo y sus extremos.
Juntos, alma, tú y yo inauguraremos
este otro amor y su preciosa espina.

Para mirar mi muerte atrás miraba
y encontré renaciente la llanura
y sellada la boca de mi herida.

Ni el nombre sé yo ya de quien amaba,
desmemoriado y terco en la aventura
de que quien me mató me dé la vida.

Antonio Gala

Una Rosa y Milton - Jorge Luis Borges

De las generaciones de las rosas
que en el fondo del tiempo se han perdido
quiero que una se salve del olvido,
una sin marca o signo entre las cosas

Que fueron. El destino me depara
este don de nombrar por vez primera
esa flor silenciosa, la postrera
rosa que Milton acercó a su cara.

Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
o blanca rosa de un jardín borrado,
deja mágicamente tu pasado.

Inmemorial y en este verso brilla,
oro, sangre o marfil o tenebrosa
como en sus manos, invisible rosa.
 Jorge Luis Borges

Saber de ti - Ricardo Sotillo

 
Me gustaría saber de ti,
saber que todo en tu vida
marcha sobre ruedas para
poder cambiarlas por alas.
 
Quisiera mandarte un saludo,
para que te refresque el alma y la memoria.
 
Me gustaría que cada día
vayas cumpliendo poco a poco
cada uno de tus sueños,
para que así te dure el regusto toda la vida.
 
Pero, sobre todo, lo que quiero es
que sigas respirando el mismo aire
que me da vida unas 15 veces por minuto,
que tu corazón te impulse
con suficiente fuerza unas 80 veces por minuto,
que tus ojos se abran y cierren
parpadeando un millar de veces al día
y que de vez en cuando,
sólo de vez en cuando,
aunque sea sólo una vez más en tu vida,
recuerdes, sonrías y me escribas.

Ricardo Sotillo

La Rosa Del Jardinero - Serafín y Joaquín Alvarez Quintero



Era un jardín sonriente;
era una tranquila fuente
        de cristal;
era a su borde asomada,
una rosa inmaculada
        de un rosal.
Era un viejo jardinero
que cuidaba con esmero
        del vergel,
y era la rosa un tesoro
de más quilates que el oro
        para él.
  A la orilla de la fuente
un caballero pasó,
y la rosa dulcemente
de su tallo separó.
Y al notar el jardinero
que faltaba en el rosal,
cantaba así, plañidero,
receloso de su mal:
  —Rosa la más delicada
que por mi amor cultivada
        nunca fue;
rosa, la más encendida,
la más fragante y pulida
        que cuidé;
blanca estrella que del cielo
curiosa del ver el suelo
        resbaló;
a la que una mariposa
de mancharla temerosa
        no llegó.
  ¿Quién te quiere? ¿Quién te llama
por tu bien o por tu mal?
¿Quién te llevó de la rama
que no estás en tu rosal? 

Serafín y Joaquín Alvarez Quintero

La Caricia Perdida - Alfonsina Storni


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
 
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
 
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni

Teoría - José Hierro

Un instante vacío
de acción puede poblarse solamente
de nostalgia o de vino.
Hay quien lo llena de palabras vivas,
de poesía (acción
de espectros, vino con remordimiento).

Cuando la vida se detiene,
se escribe lo pasado o lo imposible
para que los demás vivan aquello
que ya vivió (o que no vivió) el poeta.
Él no puede dar vino,
nostalgia a los demás: sólo palabras.
Si les pudiese dar acción...

La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje los objetos
que duermen en la playa.
La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las olas traen o llevan,
el papel que arrebata el viento,
destellan una vida momentánea
entre dos inmovilidades.

Pero los que están vivos,
los henchidos de acción,
los palpitantes de nostalgia o vino,
esos... felices, bienaventurados,
porque no necesitan las palabras,
como el caballo corre, aunque no sople el viento,
y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar,
y el hombre llora, y canta,
proyecta y edifica, aun sin el fuego.


 
José Hierro
(Del "Libro de las alucinaciones" 1964 )

El amor te convierte en rosal - Gloria Fuertes

El amor te convierte en rosal
y en el pecho te nace
esa espina robusta como un clavo
donde el demonio cuelga su uniforme.

Al tocar lo que amas te quemas los dedos,
y sigues, sigues, sigues hasta abrasarte todo;
después,
              ya en pie de nuevo,
tu cuerpo es otra cosa,
...es la estatua de un héroe muerto en algo,
al que no se le ven las cicatrices.
Gloria Fuertes

A ti, que nacerás dentro de un siglo - Marina Tscetáieva


A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo:

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado
y ya no me recuerdan ni los viejos!
¡No alcanzo con la boca las aguas de Leteo!
Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,
ardiendo en mi sepulcro -el infierno-
y mirando a la de las manos inmóviles,
la que murió hace un siglo.

En mis manos -un puñado de polvo-
mis versos. Adivino que al viento
buscarás mi casa natal.
O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,
las vivas, las felices; Yo capto las palabras:
"¡Impostoras! ¡Ya todas estáis muertas!
Sólo ella está viva.

Igual que un voluntario la he servido.
Conozco sus anillos y todos sus secretos.
¡Ladronas de los muertos!
¡De ella son los anillos!"
  
Marina Tscetáieva

Podría estar más sola sin mi soledad - Emily Dickinson

 Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

No estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

Sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite. 
Emily Dickinson 
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